sábado, 14 de mayo de 2016

La vida no se detendría aunque me afanara en diseccionarla



A manera de anuario, de recordatorio, de hacer constancia de que aquí muchas cosas serán omitidas torpemente, sin jerarquía de relevancia ni orden cronológico, por el simple hecho de que la vida sigue avanzando tan rápido que no podría registrarla. Un año podría resumirse en:

+ Milena se fue y me puse a tono con una noche de lluvia y dolorosas lágrimas,
+ un tratamiento psiquiátrico interminable,
+ aún no encuentro qué actividad me daría de comer con una sonrisa permanente, lo que le dicen "amar lo que uno hace",
+ dormí en las camas equivocadas (cosa que agradezco infinitamente),
+ Virginia Woolf me susurró "inscríbete en ese diplomado de feminismo y literatura universal",
+ hice un enorme ramo de flores que recolecté en el campo de Huimilpan,
+ las fragilidades emocionales han sido sanadas por el amor que creí reservado para los privilegiados y ahora estoy en ese afortunado grupo,
+ casi dos años viviendo en una ciudad que ya parece más mía que para unos cuantos originarios,
+ tianguis de chácharas, revistas de los años dorados de la publicidad, viniles y fotografías de probables muertos que celebraron su boda en Praga,
+ mi ternura por el film sobrevive y me da momentos de tranquilidad e imágenes que atesoro no por buena fotógrafa sino por gran aficionada a originar cosas que puedan verse desde mi alma impalpable,
+ hice unas fotos en un lugar que ya no existe,
+ sigo leyendo de la desgracia cursi,
+ también me tatué un verso de Pizarnik,
+ el orgullo de haberme negado a proposiciones amorosas (solo las sexuales bienvenidas) para reservarme al indicado: sí, orgullo,
+ valorar mi trabajo aunque me haya sumergido en una fase de jodidez al menos temporal;
+ mi cuerpo, por el amor, ha resuelto el corto circuito que no le permitía encender y energizar hasta la última punta de todas mis extensiones,
+ conocí el cine de Roy Anderson,
+ después de tres años volví a tener una melódica,
+ nunca he estado más segura del amor de mi familia que entre más extensa es la distancia más grande se vuelve,
+ sigo bailando para decir que soy feliz,
+ sigo amando para decir cuán afortunada soy de retractarme y de traicionarme diariamente,
+ sigo viendo Annie Hall cada que mi síndrome premenstrual se acentúa para anticipar bobamente todos los chistes de Allen,
+ este año no descubrí nueva música porque sigo escuchando los mismos álbumes de Arcade Fire y Beach House, y expresándome en las redes sociales con gifs de Anna Karina,
+ sigo desmayándome cuando estoy totalmente sola,
+ ya no me veo en los espejos sino en los retratos que me hacen,
+ me hice fan de la nieve de chongos zamoranos,
+ registré los techos que me hicieron sentir frío y desprotegida,
+ me aseguré, en ocasiones, de que nadie pueda escribir como yo,
+ conocí el desamparo de la bisexualidad y los encuentros casuales,
+ asistí a una terapia de 12 horas de carretera,
+ trabajé en un bar hasta atentar contra mi salud,
+ ya casi no me da depresión dominical,
+ cada vez descubro un feminismo más honesto desde mi imperfección,
+ estoy a nada de lograr pronunciar la rr,
+ me siento, a pesar del dibujo, feliz.

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