domingo, 18 de enero de 2015

"Destellos de tristeza y decisión"

En el último mes y medio había contemplado un par de posts que no vieron su captura, menos su publicación, aunque quedaron en borradores en una libreta desgraciada.



El primero sobre “mi cambio de vida", es decir me mudé de ciudad a una más grande, y aclaro que cualquiera es más grande que mi hometown; y pensé en vaciar toda mi frustración, lo difícil que estaba pasándolo. Aunque paralelamente daba forma a una dicotomía pues por otro lado me iba bien: cosas nuevas, disimulada sensación de aventura y kinda, una agenda decente para tanto tiempo libre. Después volver a lo otro e irme de boca con la desesperación, mirándome compasivamente como esa figura desolada que siempre he sido, y la crónica del cómo morían las esperanzas, incluso mostrar, claro, las capturas diarias lo más optimistas posibles que voy haciendo con mi teléfono.
Btw, me encontré en fotos ajenas en una ciudad a la que no pertenezco todavía. Crédito: un desconocido (capturando a una desconocida recién llegada, en la inauguración de una expo en el museo)
El otro post era un anecdotario sexual con tres episodios ocurridos en un fin de semana en la víspera de año nuevo, de hecho se titularía “weekend". Tres historias: 1. la entrañable, de aquél que encaja perfecto con mi instinto de autodestrucción, 2. la de la destacada experiencia con el cineasta poseedor de una verga de dimensiones pornográficas (sí existen), y finalmente 3. el chico lindo con el que culminará el intento fallido de enamorarme, hipócrita, no aprendo y tampoco siento: nada-nada. El primero por su desequilibrio mental aún me hace pender derrotada, la misma historia, siempre pasa.

Cuando aquellos relatos ostentaban de pendientes, es que me encuentro "sorpresivamente" en el asiento de un autobús urbano terminando de leer a Bolaño, con la mirada siguiendo las horizontales paralelas de la última página; vengo de regreso de mi nuevo trabajo y leí Estrella Distante en puros pasajes de camión durante esta: la primera semana de copywriter en una agencia. Quiero apuntar que una parte de aquel libro donde describía a una mujer, me sentí identificada con cierta afición, la calificaba “con destellos de tristeza y decisión"  ahí me vi, con esa clase de tenacidad subyugada, lidiando con la depredown. Así que ya no tengo espacio o voluntad para lo que era días antes o al menos eso creo. Este es el ahora, tampoco fanfarronearé en que es mejor que mi anterior circunstancia, ni peor, solo diferente, con alivio porque espero comer ya decentemente y recuperar cierta -detestable- dignidad burguesa.

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